Autor: cristian cambronero—- www.fusildechispas.com/

A ojos cerrados cuenta una historia bien simple. Tan pequeña que nace, existe y muere, dentro de una familia de tres. También es una historia profundamente costarricense, no porque no pudiera ocurrir en cualquier otro rincón del mundo, sino porque simplemente ocurre aquí; ocurrió aquí en la imaginación de un actor, escritor, y cineasta que ha demostrado una pasión genial por retratarnos, a nosotros, a los ticos, con gran sensibilidad y una extraordinaria capacidad de asombro ante eso: las cosas simples. Las que nos hacen.

Ese guión sencillo se tradujo en imágenes con un ojo cuidadoso que logró hacer chocolate con muy poco cacao; pero con gran pericia. Hernán Jiménez ha dicho cien veces que se trata de una película “honesta” casi como si fuera un excusa necesaria para cualquier cosa. A mí no me parece que el adjetivo haga falta como justificación, pero sí como virtud: porque narra esa historia pequeña sacándole todo lo de adentro; valiéndose de los recursos disponibles, exprimiendo el aporte individual de gente que –en el proceso- se divirtió, creció, aprendió. Todo eso quedó pegado de la pantalla. Se nota, se disfruta.

Si bien no suelo hacerlo, menos aún podría pretender una aproximación “objetiva” a esta película. Lo poco que sabía de ella me cautivó desde que estaba en proceso de filmación en 2008. Tuve la oportunidad de ver al equipo trabajando y de ir a estorbar el último día de filmación en Limón. Vi un primer corte en 2009, y finalmente pude ver la versión final hace algunos días. Confieso, sin reparo, que me encantó.

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Cine transparente, entretenido, que consigue conmover, que es efectivo para hacer reír, y que triunfa en la misión de narrar, de comunicar. Un experimento sin poses de alguien que está empeñado en amaestrar su talento a punta de trabajo. A ojos cerrados es una apuesta al futuro de un artista.

Curiosamente, a lo largo de estos meses, es del propio Hernán de quien he oído enumerar los “errores” formales que tiene la película, como quien hace el acto de contrición. Que si el ritmo se cae en un momento determinado y la gente lo va a notar, que si existen diferencias de intensidad entre los actores profesionales y los nóveles, que si hay fallas de continuidad, que si la edición aquí y allá. Sí, esos y otros detalles están, pero no consiguen opacar, ni por asomo, el brillo de una fotografía lucida, la más llana autenticidad en la actuación de Carlos Luis Zamora (Gabo), la frescura de Carol Sanabria (Delia) y la solidez de Anabelle Ulloa (Maga); el fluir de la historia que no se complica ni se distrae, la música bien puesta, el silencio cuando es el silencio el que habla.

Estoy seguro de que los costarricenses nos sentiremos profundamente identificados con A ojos cerrados, que para conseguir esa empatía no necesitó recurrir a clichés. Es otro gran momento para el cine hecho en Costa Rica. Lo marca una película auténtica, limpia, que se ríe y que se duele. Una película que se recomienda.

|+| A ojos cerrados estará en cines a partir de este viernes 2 de julio. (Terramall, Mall San Pedro, Paseo de las Flores, Nova Cinemas)

|+| La próxima semana, por fin, publicaré el video con material “detrás de cámaras” exclusivo. Aquí hay un adelanto. Iba a durar una semana, pero duró dos años. Nunca es tarde.